(homenaje a Edgar Allan Poe)
En una noche oscura en la Vega San Roque,
donde el viento sisea y la sombra se enroca,
un cárabo oculto en un castaño en acecho,
grazna en lo profundo, su lamento evoca.
Graznido siniestro, eco en el vacío,
penetra mis oídos un grito infernal,
presagio lúgubre, destino sombrío,
quebranta en la noche su pausa espectral.
Negrura de agujero de árbol antiquísimo,
dos ojos llameantes, brasas en la oscuridad,
contemplan secretos del mundo vastísimo,
proclamando profecías de fatalidad.
¡Oh, ave solitaria, pájaro en la noche,
testigo de sombras de desesperación,
graznido chasquea cual cuchillo en roca,
revelando secretos de oscura ficción!
"No vivirás siempre", grazna el cárabo lúgubre,
un susurro que hiela el alma y condena mi ser,
un presagio ineludible que en la noche se funde,
recordándonos a todos el final: ¡Perecer!
En cada eco de su voz, retumba advertencia,
y en cada rama crujiente, y en cada sombra furtiva,
se enreda y se trenza, y en cada graznido,
se escucha bien firme su frase cautiva.
Corro entre las sombras, susurro en el viento,
su grito no cesa, la noche lo empuja,
sentencia final, terrible portento,
palabras clavadas, en mí como agujas,
huyo sin mirar, mi miedo en aumento
sigue riendo y cantando la oscura "curuxa"*,
"No vivirás siempre", presagio cruento.
*Curuxa en asturiano, coruja en castellano: lechuza . Fuente: RAE
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