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Como una lluvia gélida y gris en tus labios

Imagen creada por Marta Andrés Soto El androide había estado inmóvil durante miles de años.  Sin energía.  Desconectado. Su cuerpo maltrecho y apoyado en una descolorida pared de piedra era lo único que quedaba de las grandes civilizaciones de antaño. Una cuarteada carcasa era su cara.  Los ojos abiertos.  La mirada perdida. Y nada quedaba a su lado salvo la desesperación infinita y desnuda. El rostro bañado incesantemente por la lluvia y azotado por el viento. Una pálida faz que ya no reflejaba la hermosura de pasadas épocas de esplendor.  Era el último vestigio de la grandeza de los hombres que, en su apogeo, fueron capaces de vencer a la naturaleza, creando vida y perfeccionándola más allá de lo que debieron haber hecho. El androide había sido construido antes del gran cataclismo final por manos expertas y mentes hábiles. Algunos cuando lo vieron por primera vez consideraron que era más parecido a un ángel que a una máquina.  Era hermoso y distante. Pero...
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Perra espacial

  Me llamo Ladradora, y nací en las calles frías de una ciudad enorme hace tres inviernos.  De mi madre y mis hermanos no recuerdo gran cosa, salvo el calor de nuestros cuerpos cuando nos arracimábamos bajo una caja en las gélidas noches de luna llena. Sin embargo, siempre asomaba mi cabecita entre mis hermanos para mirar a aquella gran bola blanca del cielo que me miraba con su cínica sonrisa y me preguntaba si se iba a caer sobre nosotros tarde o temprano. Mi madre me decía que siempre había estado allí y que, en realidad, era un gran agujero blanco en el cielo en el que vivían los espíritus de mis antepasados.   Mi linaje no era muy noble, tenía sangre mestiza de husky y terrier que me confería un carácter afable y tranquilo y cuando me desarrollé destaqué de mis hermanos por mi curiosidad por todo lo que me rodeaba. Quizás eso me llevó a donde me llevó. Así, una tarde recién cumplido año y medio de mi vida, me encontraba vagando por un descampado a las afueras cuando ...

La catedral de sal

  En medio de los desolados e inmensos páramos que existen al oeste de las cordilleras grises, se alza con silueta sombría la gigantesca catedral de sal. Nadie sabe quién la construyó ni desde cuando alza sus blancas torres en la llanura.  Simplemente está. Imponente e inmóvil.  Yo nunca la he llegado a ver porque no me aventuro tan lejos de mi hogar, pero me han dicho que sus ciclópeas torres son visibles desde leguas y sirven de guía a los viajeros cuando, en los días de la estación de ventisca, se pierden en esas latitudes desoladas en las que es tan difícil encontrar referencia alguna. Sin embargo, todas las personas de bien evitan acercarse a la colosal estructura. Acaso atemorizados por sus dimensiones que escapan a toda comprensión humana. Los habitantes de la región hablan en susurros sobre la catedral de sal en sus ciudades, atribuyéndole poderes mágicos y misteriosos. No se menciona explícitamente sino que se realiza con las manos el signo de "At-kuri-nom" que ...

Sangre de su sangre

  (Homenaje en Halloween a H. P. Lovecraft)  Cuántas veces he pensado, en la negrura nocturna, sobre el origen de mis horrores. Acerca de los terribles acontecimientos que originaron este manuscrito. Sin embargo, no he hallado otra respuesta que mi propia locura y la nada. Así que, cuando se lean estas frases, ruego que no sea con indiferencia. Os suplico que no sea así, por favor, porque entonces mi muerte habrá sido en vano entonces. Os pido también que cuando terminéis de leer estas hojas,  las queméis porque contienen conocimientos celosamente guardados desde la noche de los tiempos y que son demasiado horribles para que los conozcan los profanos. Mi cuerpo, no lo busquéis, ya que estoy seguro que habrá desaparecido, ocultado por dios sabe qué seres malignos que harán todo lo posible para que esta narración parezca el desvarío de un demente. Sin embargo, para que no creáis que lo que voy a relatar es irreal, dejadme preguntaros si en vuestras propias vidas no habéis t...

"El Tiki"

    Tras un viaje por trabajo a Sevilla, subí al avión con cierto temor porque el día anterior había habido una tremenda tormenta en Hispalis. Había consultado varias veces el pronóstico en mi móvil y me alarmaba que en el viaje hubieran fuertes turbulencias. Así que con ese temor me senté en un asiento que la inteligencia artificial, caprichosa ella, me había adjudicado. Un asiento totalmente aleatorio en la fila 23 que podría haber sido otro cualquiera... ... pero entonces nunca habría conocido al protagonista de esta historia.  Cuando saqué la tarjeta de embarque me dije "Al menos estoy en el medio. El avión no debería moverse mucho". No se si eso es cierto o no, pero desde siempre he creído que el lugar de mayor estabilidad de un avión es encima de las alas (o eso me decía mi padre siempre). Así que, si aquello se ponía feo, pensaba que al menos estaría más cómodo que los que iban al principio o al final del aparato. Estaba desplegando un libro que me había dejado mi ...

El cárabo de la Vega

(homenaje a Edgar Allan Poe)   En una noche oscura en la Vega San Roque,  donde el viento sisea y la sombra se enroca,  un cárabo oculto en un castaño en acecho,  grazna en lo profundo, su lamento evoca.   Graznido siniestro, eco en el vacío,  penetra mis oídos un grito infernal,  presagio lúgubre, destino sombrío,  quebranta en la noche su pausa espectral.   Negrura de agujero de árbol antiquísimo,  dos ojos llameantes, brasas en la oscuridad,  contemplan secretos del mundo vastísimo,  proclamando profecías de fatalidad.   ¡Oh, ave solitaria, pájaro en la noche,  testigo de sombras de desesperación,  graznido chasquea cual cuchillo en roca,  revelando secretos de oscura ficción!   "No vivirás siempre", grazna el cárabo lúgubre,  un susurro que hiela el alma y condena mi ser,  un presagio ineludible que en la noche se funde,  recordándonos a todos el final: ¡Perecer!   En cada eco d...

Como baba de caracol

  En un acantilado junto al mar, vivía una solitaria mujer llamada Camila. Desde su infancia, Camila siempre había estado obsesionada con los caracoles. Le fascinaba su capacidad hermafrodita, su manera de deslizarse por las piedras, sus ojos al final de aquellos apéndices móviles... Sin embargo, esa obsesión se había acentuado tras la muerte de su esposo, un trágico suceso que había conmovido a toda la región ya que su barco había sido encontrado varado en la playa sin ninguna persona de la tripulación en su interior. Tras aquel trauma, Camila se sumió en una profunda depresión y aislamiento.  En ese aislamiento de largos inviernos en su casa del acantilado su obsesión había tomado un giro oscuro y siniestro a lo largo de los años. Ya que Camila, en la oscuridad de las noches de luna nueva, se aventuraba por los prados cercanos a la costa para recolectar caracoles, actividad que, a primera vista podía parecer hasta normal. Sin embargo, estos no eran caracoles comunes ya que ...